Cuando decidí empezar a preparar la prueba de maratón, lo hice por una razón fundamental, dar un salto más de nivel en mi humilde trayectoria como atleta. Después de terminar 4º en el Campeonato de España de Medio Maratón con 1h 5min, me sentí con las fuerzas y los ánimos necesarios para mejorar aún más. Me quedé a un puesto de la clasificación para el Cto. del Mundo, así que el objetivo lógico sería intentar la clasificación en este curso, pero ya desde el principio de la temporada se anunció que este año el mundial de medio maratón no se celebraría, sino que se posponía hasta 2012.
Había que buscar nuevos retos para dar ese salto de calidad que pretendía. Ante mi estrecho margen de mejora en pruebas de corta distancia, 5.000 ó 10.000 m.l., debido en parte a los escasos 5 años que llevo corriendo desde que dejé la marcha en 2.006, decidí lanzarme a la aventura de preparar un maratón. El verano, liberado de las clases de Magisterio y de otras obligaciones que tengo el resto del año, se presentó como la época ideal para acometer tal osadía. Muchos creeréis que estoy exagerando, pero preparar un maratón, en serio, no es ninguna broma.
El maratón siempre ha sido la prueba del atletismo que más me ha llamado la atención, quizás porque siempre la he visto como la prueba en la que un cabezón sin apenas calidad, como yo, puede llegar a tener algo que decir en esto del atletismo. Además, encierra unos componentes místico-épicos, de superación pura, que creo que ninguna otra prueba del calendario atlético posee. Cierto es que desde la reciente irrupción del continente africano, estos componentes se han visto moderadamente difuminados ante la aparente facilidad con la que los keniatas o etíopes corren la distancia.
Eso, como digo, aparentemente. Porque el que ha corrido alguna vez un maratón, y yo no lo he hecho todavía, sabe que terminar los 42.195 m. es algo que te cambia, no diré la vida, pero sí la visión sobre muchas cosas de esta vida, la nuestra. Esto es algo de lo que yo me he dado cuenta, poco a poco, a lo largo de estos diez meses que llevo preparando la prueba del próximo fin de semana, pero, sobre todo, en los últimos cuatro meses en los que la preparación ya fue más específica para el maratón.
Al principio de la preparación, allá por el mes de Noviembre, tenía muy claro que mi único objetivo era mejorar mi nivel deportivo. El listón estaba muy alto, pues en el final de la temporada pasada me salió todo rodado. Así que yo me decía a mi mismo; “mi único objetivo el lograr la mínima olímpica y lo voy a conseguir”. Con esta motivación seguí los meses posteriores hasta que salieron las dichosas mínimas a principios de año. 2h 15 min era una marca que yo veía relativamente asequible, así que la motivación no paró de aumentar. Los resultados en los primeros crosses del año fueron buenos hasta que llegó el nacional, donde ya fui tocado y terminé de lesionarme, tendinitis en los isquiotibiales de ambas piernas. Fue un parón de dos meses en una de las fases importantes del año, me perdí un objetivo importante para mi como era el Cto. de España de Medio Maratón, pero no me afectó mucho, sabía que aún tenía tiempo para lograr mi gran objetivo en maratón. Por esas fechas, los pequeños triunfos de los niños que entreno en Franciscanos alimentaron mi ilusión cuando yo no podía correr. Es inevitable recordar los buenos momentos que pasé en el “cole”, cuando empezaba en esto del atletismo no hace tanto tiempo atrás.
En Mayo ya estaba totalmente recuperado de mi lesión en los isquios. Comencé a trotar poco a poco y prácticamente sin haber entrenado nada corrí el Cto. Gallego de Media Maratón. Lo gané en un día de perros debido al fuerte viento que soplaba en A Coruña con 1h casi 8min. Era una marca muy buena para las condiciones en las que llegaba y el día tan malo que hizo, así que mis ganas de correr no hicieron más que aumentar.
A partir de ahí las cosas se pusieron serias y comenzó el entrenamiento de maratón propiamente dicho. Hubo algún flirteo con las lesiones, sobre todo después del gran esfuerzo que supuso para mi cuerpo el correr una carrera de montaña, algo que por el momento descarto volver a hacer. Pero sobre todo comenzó un periodo de dos meses y medio en los que pasé de ser un “tio” algo delgaducho sí, pero muy alegre y con ganas de hacer muchas cosas todo el día, a ser un fantasma de mi mismo. Es la sensación de estar al borde del desmayo todo el día, de hacer las mismas cosas que de costumbre, ir a la compra, quedar con los amigos, pero con la impresión de que todo eso lo hace otra persona, como si estuvieras viendo tu propia vida a través de una cámara y fuese otro el que dirige tus movimientos. Gastaba todas mis energías en el entrenamiento y el resto del día ponía el modo “ahorro de combustible” y funcionaba por inercia. Esta etapa fue la más dura, no para mi, que como se suele decir “me va en el sueldo”, pero sí para los que me rodean. Mi familia tuvo la suerte de irse de vacaciones y no me tuvieron que aguantar mucho, pero para los que se quedaron, como Nere, creo que se tuvieron que quedar un poco artos de mis lamentos y borderías.
Por aquel entonces aún creía que mi único objetivo era la mínima olímpica, que en el momento que durante la carrera viese que se me escapaba el tiempo, que mi ritmo no era el deseado, abandonaría la prueba. Que solo me valía una marca por debajo de 2h 15min, pero que soñaba con un 2h 13min. Que no merecía la pena acabar por encima de esa marca. Que no se podía hipotecar un año entero por un registro superior.
Pero superada esta fase, superados retos como la semana por encima de los 200 kms., las tiradas de más de 30 kms., los días de más de 40 kms… El punto de vista desde el que observas lo que se te viene encima, da un giro de 180º y empiezas a comprender frases como la de que “El maratón no es una carrera, es una aventura. Nunca sabes cuando aparecerán los problemas, pero sabes que van a aparecer” (Haile Gebreselassie). Efectivamente mi visión sobre la prueba, sobre el atletismo y sobre la vida ha cambiado. Mis palabras ya no son tan tajantes, y por nada del mundo pienso abandonar la prueba del próximo fin de semana. Quiero alcanzar la meta sea como sea, así tenga que llegar a cuatro patas, porque aunque no consiga la mínima olímpica, sé que el año que viene tendré otra oportunidad, y si no, el año siguiente y así hasta que lo consiga. “En el deporte, como en la vida, el único fracaso es rendirse”. Yo no me voy a rendir nunca.











