El maratón te cambia la vida

Cuando decidí empezar a preparar la prueba de maratón, lo hice por una razón fundamental, dar un salto más de nivel en mi humilde trayectoria como atleta. Después de terminar 4º en el Campeonato de España de Medio Maratón con 1h 5min, me sentí con las fuerzas y los ánimos necesarios para mejorar aún más. Me quedé a un puesto de la clasificación para el Cto. del Mundo, así que el objetivo lógico sería intentar la clasificación en este curso, pero ya desde el principio de la temporada se anunció que este año el mundial de medio maratón no se celebraría, sino que se posponía hasta 2012.

Había que buscar nuevos retos para dar ese salto de calidad que pretendía. Ante mi estrecho margen de mejora en pruebas de corta distancia, 5.000 ó 10.000 m.l., debido en parte a los escasos 5 años que llevo corriendo desde que dejé la marcha en 2.006, decidí lanzarme a la aventura de preparar un maratón. El verano, liberado de las clases de Magisterio y de otras obligaciones que tengo el resto del año, se presentó como la época ideal para acometer tal osadía. Muchos creeréis que estoy exagerando, pero preparar un maratón, en serio, no es ninguna broma.

El maratón siempre ha sido la prueba del atletismo que más me ha llamado la atención, quizás porque siempre la he visto como la prueba en la que un cabezón sin apenas calidad, como yo, puede llegar a tener algo que decir en esto del atletismo. Además, encierra unos componentes místico-épicos, de superación pura, que creo que ninguna otra prueba del calendario atlético posee. Cierto es que desde la reciente irrupción del continente africano, estos componentes se han visto moderadamente difuminados ante la aparente facilidad con la que los keniatas o etíopes corren la distancia.

Eso, como digo, aparentemente. Porque el que ha corrido alguna vez un maratón, y yo no lo he hecho todavía, sabe que terminar los 42.195 m. es algo que te cambia, no diré la vida, pero sí la visión sobre muchas cosas de esta vida, la nuestra. Esto es algo de lo que yo me he dado cuenta, poco a poco, a lo largo de estos diez meses que llevo preparando la prueba del próximo fin de semana, pero, sobre todo, en los últimos cuatro meses en los que la preparación ya fue más específica para el maratón.

Al principio de la preparación, allá por el mes de Noviembre, tenía muy claro que mi único objetivo era mejorar mi nivel deportivo. El listón estaba muy alto, pues en el final de la temporada pasada me salió todo rodado. Así que yo me decía a mi mismo; “mi único objetivo el lograr la mínima olímpica y lo voy a conseguir”. Con esta motivación seguí los meses posteriores hasta que salieron las dichosas mínimas a principios de año. 2h 15 min era una marca que yo veía relativamente asequible, así que la motivación no paró de aumentar. Los resultados en los primeros crosses del año fueron buenos hasta que llegó el nacional, donde ya fui tocado y terminé de lesionarme, tendinitis en los isquiotibiales de ambas piernas. Fue un parón de dos meses en una de las fases importantes del año, me perdí un objetivo importante para mi como era el Cto. de España de Medio Maratón, pero no me afectó mucho, sabía que aún tenía tiempo para lograr mi gran objetivo en maratón. Por esas fechas, los pequeños triunfos de los niños que entreno en Franciscanos alimentaron mi ilusión cuando yo no podía correr. Es inevitable recordar los buenos momentos que pasé en el “cole”, cuando empezaba en esto del atletismo no hace tanto tiempo atrás.

En Mayo ya estaba totalmente recuperado de mi lesión en los isquios. Comencé a trotar poco a poco y prácticamente sin haber entrenado nada corrí el Cto. Gallego de Media Maratón. Lo gané en un día de perros debido al fuerte viento que soplaba en A Coruña con 1h casi 8min. Era una marca muy buena para las condiciones en las que llegaba y el día tan malo que hizo, así que mis ganas de correr no hicieron más que aumentar.

A partir de ahí las cosas se pusieron serias y comenzó el entrenamiento de maratón propiamente dicho. Hubo algún flirteo con las lesiones, sobre todo después del gran esfuerzo que supuso para mi cuerpo el correr una carrera de montaña, algo que por el momento descarto volver a hacer. Pero sobre todo comenzó un periodo de dos meses y medio en los que pasé de ser un “tio” algo delgaducho sí, pero muy alegre y con ganas de hacer muchas cosas todo el día, a ser un fantasma de mi mismo. Es la sensación de estar al borde del desmayo todo el día, de hacer las mismas cosas que de costumbre, ir a la compra, quedar con los amigos, pero con la impresión de que todo eso lo hace otra persona, como si estuvieras viendo tu propia vida a través de una cámara y fuese otro el que dirige tus movimientos. Gastaba todas mis energías en el entrenamiento y el resto del día ponía el modo “ahorro de combustible” y funcionaba por inercia. Esta etapa fue la más dura, no para mi, que como se suele decir “me va en el sueldo”, pero sí para los que me rodean. Mi familia tuvo la suerte de irse de vacaciones y no me tuvieron que aguantar mucho, pero para los que se quedaron, como Nere, creo que se tuvieron que quedar un poco artos de mis lamentos y borderías.

Por aquel entonces aún creía que mi único objetivo era la mínima olímpica, que en el momento que durante la carrera viese que se me escapaba el tiempo, que mi ritmo no era el deseado, abandonaría la prueba. Que solo me valía una marca por debajo de 2h 15min, pero que soñaba con un 2h 13min. Que no merecía la pena acabar por encima de esa marca. Que no se podía hipotecar un año entero por un registro superior.

Pero superada esta fase, superados retos como la semana por encima de los 200 kms., las tiradas de más de 30 kms., los días de más de 40 kms… El punto de vista desde el que observas lo que se te viene encima, da un giro de 180º y empiezas a comprender frases como la de que “El maratón no es una carrera, es una aventura. Nunca sabes cuando aparecerán los problemas, pero sabes que van a aparecer” (Haile Gebreselassie). Efectivamente mi visión sobre la prueba, sobre el atletismo y sobre la vida ha cambiado. Mis palabras ya no son tan tajantes, y por nada del mundo pienso abandonar la prueba del próximo fin de semana. Quiero alcanzar la meta sea como sea, así tenga que llegar a cuatro patas, porque aunque no consiga la mínima olímpica, sé que el año que viene tendré otra oportunidad, y si no, el año siguiente y así hasta que lo consiga. “En el deporte, como en la vida, el único fracaso es rendirse”. Yo no me voy a rendir nunca.

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La tensa espera

La semana previa a una gran competición que llevas meses entrenando es todo un suplicio. Pasas de hacer una media de 180 kms. a la semana a hacer apenas 70. De poner tu cuerpo al límite cada día a tener que pasar las horas tumbado en el sofá. Esta semana consiste básicamente en descansar, pero cuando tu cuerpo se ha acostumbrado al zurre constante, él mismo te pide más. Sientes el hormigueo en las piernas y cierto malestar general porque tu organismo te pide su ración de desgaste diaria a la que tanto le costó acostumbrarse, pero sin la que ya no puede vivir. Tiene “mono” de entrenamiento.

La parte psicológica es también peligrosa, en mi caso, más. He de reconocer que soy un maníaco-compulsivo del descanso. Cuando estoy entrenando a tope necesito descansar mucho, pero no solo eso, a mis horas, exactas, en mi cama y que ni una raya de luz, ni una mínima gota cayendo en un vaso de agua me moleste. La siesta de una hora, mínimo, es sagrada. Cualquier pequeña cosa que se salga de mi esquema prefijado me perturba, no lo puedo evitar.

En esta semana hasta recelo de salir de casa, pues tengo miedo a cruzarme con cualquier persona que tenga un pequeño virus y me pueda contagiar alguna enfermedad en los días previos a la carrera fastidiando toda la preparación. Ya me ocurrió una vez, cuando estaba quizás en el mejor momento de forma de mi vida, que enfermé dos días antes de una carrera importante y desde entonces me he obsesionado con el tema. Cada vez que alguien tose o simplemente carraspea cerca de mi, me giro, lo miro un poco mal y me voy alejando poco a poco como quien no quiere la cosa.

Pero ya estamos a jueves y espero que todas estas manías no me afecten de aquí al domingo, cuando tengo mi primera gran prueba de la temporada estival. La media maratón de Oporto es una carrera rápida, no en vano se intentará batir el récord del mundo en esta edición. Pero además contaré el apoyo de mi familia y algunos amigos que se desplazarán hasta la ciudad lusa para apoyarme. Ya lo hacen cada día, y eso es lo que más agradezco, pero también es importante sentirte arropado en el día clave.

Por eso quiero dar las gracias a mi familia y amigos por aguantarme, sobre todo, en estos días “raros” para mi.

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Sin ganas de nada… Salvo de correr

Sé que tengo esto muy abandonado desde hace tiempo, mucha gente me lo ha dicho, yo mismo me he propuesto muchas veces ponerme a escribir un post, pero nunca se me ha dado demasiado bien escribir por escribir, ni mucho menos escribir por encargo. Es algo parecido a lo de entrenar por entrenar.

Hay mucha gente a la que le apasiona correr por correr. Salen a hacer unos trotes cada día con el único fin de encontrarse consigo mismos en los caminos de asfalto. Algunos de ellos incluso llegan a entrenar muy fuerte, casi al límite de sus posibilidades, adelgazar, echar fuera el estrés de una ajetreada vida laboral, eso ya son pequeños objetivos.

Yo claramente no soy de esos. Yo solo sé correr por un objetivo, por una meta. Necesito saber que todo mi esfuerzo tiene un fin, que hay algo al final del camino. Algo por lo que luchar, por lo que merece la pena acostarse con este dolor de piernas permanente, que a veces alcanza otras partes del cuerpo como la espalda o incluso la cabeza. Acostarse cansado y dolorido, soñar con que al día siguiente estarás mejor, que te sacuda el sonido del despertador, porque podrías estar dos días durmiendo, abrir los ojos y comprobar que los dolores del día anterior no se han ido, es más, se han extendido a nuevas partes que desconocías de tu propia anatomía.

Ahora que ya debo estar alcanzando mi madurez deportiva, o eso dicen los expertos, me planteo dar el salto a la que es la prueba por excelencia del fondo atlético. El maratón es la carrera con la que llevo soñando desde que era niño. Cuando era muy joven vi a Martín, Alberto y Diego copar un pódium europeo y esa imagen de los tres abrazándose en meta fue la que ocupó la portada de mi carpeta del colegio hasta que otros ídolos adolescentes les sustituyeron en el instituto.

Hay un maestro de escuela, uno de mis primeros entrenadores, que siempre recuerda a sus alumnos que nunca dejen de soñar, que nunca dejen que nadie les diga lo que pueden o no pueden llegar a realizar. No sé si me podréis calificar de iluso, idiota, chalado o en el mejor de los casos de soñador. Pero mantener vivo mi sueño de infancia es lo que me ha permitido llegar hasta donde hace diecinueve años cuando quedé de último en mis dos primeras carreras, nadie, nadie, nadie, esperaba que llegase. Porque en la tercera carrera que corrí ya conseguí quedar de penúltimo y pensé, ya estoy un poco más cerca del sueño.

Y desde entonces hasta hoy, que me encuentro inmerso de pleno en la preparación que es puramente de resistencia. Los entrenamientos son todos muy realizables. Cualquier atleta de un nivel medio puede cumplir con cualquiera de ellos. Lo que te mata es la acumulación sin descanso de uno tras otro. Encadenar dos seguidos ya cuesta un poco, llegar a mitad de semana ya es muy complicado, pero completar una semana de más de 200 kms. hay muy pocos atletas que sean capaces de lograrlo. Los que consiguen acumular varias semanas de éstas seguidas, son los que estarán preparados para afrontar con garantías los 42,195 kms.

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Resumen de un mes de estrés

Éste ha sido un mes en el que he estado a tope. Entre tantas competiciones, entrenamientos, exámenes, entrega de trabajos y demás temas burocráticos (declaración de la renta, pasar ITV al coche…) no he tenido tiempo de pasarme por la web. Más bien es que no he tenido tiempo suficiente para escribir con tranquilidad, que es como me gusta hacerlo, porque para contaros los resultados a prisa y corriendo los podéis consultar en la página de la federación vosotros mismos. Lo que quiero es contaros mis sensaciones de las últimas carreras.

A principios del mes de mayo ya parecía estar bastante recuperado de mis problemas de los isquios, así que decidí participar en el Cto. de España Universitario, más como una prueba a ver cómo respondía mi cuerpo en una prueba exigente, que buscando un resultado concreto. La carrera salió muy lenta, así que mejor para mi. Por delante se marcharon Carriqueo y Lozano. Por detrás, el resto de competidores hicimos nuestra carrera a ritmillo, incrementándose en la parte final para terminar muy fuerte en la última vuelta en la lucha por el bronce. Yo aguanté hasta la última vuelta, incluso llegué a hacer un amago de ataque en la penúltima, pero se me notó mucho la falta de “punch” que dan los entrenamientos y me tuve que conformar con una 6ª posición que no está nada mal para como iba de preparación para Castellón. Además corrí entorno a los 31 minutos que es una marca decente para mi. Lo mejor de todo es que los isquios respondieron bastante bien, terminé con la zona muy cargada pero algo normal para llevar más de dos meses sin correr a esos ritmos.

Como la respuesta en el 10.000 fue positiva, la semana siguiente decidí apretar un poco más la tuerca y probar en una media maratón. Si los isquios aguantaban, se podría decir que estaba ya recuperado al 100%. El día amaneció en A Coruña con un fuerte viento que hizo la prueba muy incómoda. Llegué a la salida un poco justo y no pude salir en primera fila, lo que provocó que en la lucha por alcanzar las primeras posiciones, después del pistoletazo, me tropezase con un compañero y me torciese un poco el tobillo. Esta torcedura no me molestó nada durante la prueba, pero hizo que Carlos Villamor y Elías Domínguez se me escapasen mucho en el primer kilómetro. Poco a poco fui recortando diferencias hasta el paso por la primera vuelta (km 7) cuando pillé a Carlos. Como digo el viento era muy incómodo, así que decidí no desgastarme tirando y me quedé casi todo el tiempo en segunda posición. Sobre el kilómetro 14 cambié un poco el ritmo para ver si Carlos iba bien o le podía descolgar. Tiré hasta el 17 más o menos y como vi que Carlos no se quedaba y el viento me estaba haciendo mella, decidí pararme otra vez para jugármela al sprint, pues me veía con bastantes fuerzas. Así fue y a falta de 500 metros cambié todo lo fuerte que pude y gané la carrera. Este fue un triunfo muy importante para mi porque la media maratón de A Coruña es una de las mejores carreras de Galicia. Además, los isquios, que terminaron un poco peor que en Castellón, se recuperaron bien durante la semana.

Esa semana  entrené ya un poco más, sobre todo a partir del miércoles, que ya estuve más o menos recuperado de la media. Pero la prueba de fuego de la semana me llegó el domingo, cuando decidimos hacer la primera tirada larga con vistas al posible debut en maratón en el mes de septiembre. A las 10 de la mañana salimos hacia “los milagros de Saavedra” con el grupo de atletas del “Monte Segade”. La ida, unos 16 kilómetros fue bastante tranquila hasta que llegamos a Rábade, donde comenzaron los primeros arreones. La vuelta hacia Lugo la hice ya un poco más viva, entorno a 3,30″ el kilómetro. Llegué sobre las 2h 4 min. Pero lo importante es que el cuerpo aguantó bastante bien tanto tiempo corriendo.

Estas semanas he tenido que hacer verdaderos malabarismos para poder combinar las clases de Magisterio, con los entrenamientos y competiciones, pero creo que no me está yendo mal del todo. Estoy entrenando un poco mejor cada día, he entregado todos los trabajos en forma y fecha y los exámenes que llevo realizado hasta ahora han tenido una valoración positiva. Así que espero seguir así, incrementando el nivel de entrenamientos poco a poco para intentar llegar en condiciones de terminar la maratón el 24 de septiembre.

 

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La casa de las torturas

Esta mañana ha vuelto a sonar Bob Dylan en el entrenamiento y las cosas se pusieron serias, las bromas se han terminado. Han pasado ya más de cuatro semanas desde que anuncié que volvía a correr, pero hasta esta semana no he podido experimentar de nuevo esa sensación que yo, tal que muchos, defino como cansancio extremo. Es la sensación que se tiene cuando se ha empleado hasta el último gramo de energía que encierra tu organismo, esa sensación de que, aunque yo constantemente digo que siempre se puede dar un poco más, realmente no puedes dar un paso más, esa sensación de mareo, de dolor de cabeza, de zumbido en los oídos, de nublazón en la vista, de quemazón en el pecho, como si te hubieses tragado mil cuchillas de afeitar, de dolor intestinal, de destrucción muscular, de inflamación en los tendones… Por mucho que la natación, la elíptica, el gimnasio o el “acua-running” sean duros, creo que nada se puede parecer al esfuerzo que supone entrenar todos los días al máximo preparando una maratón, ¡y lo digo cuando casi aún no he comenzado!

Esta mañana todo esto lo ha conseguido, a parte de que ya estoy mucho mejor de mis molestias en los isquiotibiales, la casa de torturas que representa particularmente para mi, el parque de Rosalía de Castro en Lugo, con sus circuitos especiales diseñados por el gurú del atletismo, Javier Piñeiro “Nani”, ya conocido por casi todos los que leéis el blog a menudo.

Como os comentaba al principio de esta entrada, para aguantar el tirón, el trabajo se me hace mucho más llevadero con una buena sesión de Bob Dylan en mi iPod, y aunque aún no voy “Blowing on the wind” como me gustaría, me conformo con ir cogiendo poco a poco la forma acompañado por temas como “Forever young” (¿hay que ser optimista, no?) o muy especialmente, “Hurricane”.

Hasta que el cuerpo aguante, al máximo todos los días

Bob Dylan – Hurricane (Live)

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Bienvenidos

Recuperando la sonrisa

Ya estamos de vuelta, y por partida doble. Hoy vuelvo a publicar en este blog después de una profunda remodelación, y hoy vuelvo a sonreír porque pasadas unas semanas con molestias bastante puñeteras ya me encuentro mucho mejor.

Inaugurar el blog con malas noticias no me parecía la mejor manera de empezar esta nueva etapa con un nuevo formato mucho más atractivo e interactivo que el anterior. Así que he esperado unas semanas de rigor hasta volver a recuperar la sonrisa que podéis observar en la fotografía que me he sacado esta misma noche después de prepararme la papilla en la que se ha fundamentado mi dieta de las últimas semanas. Una dieta o régimen alimenticio, como lo prefiráis llamar, que me han impuesto para acelerar la recuperación de la tendinitis en los isquiotibiales que me lleva dando la lata en los últimos meses.

Después de un Campeonato de España de cross en el que terminé con un sabor de boca agridulce, porque a pesar de obtener mi mejor puesto en un nacional me quedó la sensación de poder haber dado más en carrera, decidí parar de correr un tiempo hasta recuperar las molestias que venía arrastrando desde más o menos mediados de Enero. Modifiqué mis planes para la primavera y renuncié a correr la que creo es la mejor media maratón de España, la Azkoitia-Azpeitia, que se celebra este próximo fin de semana entre las dos poblaciones del País Vasco.

Mientras tanto, lo que ya todos los asiduos conocéis, mucha piscina, mucha elíptica, mucho gimnasio, etc. ya no os voy a contar nada nuevo ni me quiero poner en modo épico-dramático. Las lesiones son el pan de cada día para los atletas y tenemos que aprender a convivir con ellas de la mejor forma posible, con la ilusión de que como dice la canción de Ignacio Copani “vendrán tiempos mejores”, pero mientras no vienen, no podemos parar de currar.

Y en esas estamos, procurando hacer todo lo posible para llegar en condiciones de competir el Campeonato de España de Medio Maratón que se celebra el próximo 30 de Abril, muy cerquita de casa, en la vecina Gijón.

Buenas noches, y de corazón, bienvenidos

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Mezcla de alegría y decepción

El jueves amaneció como un día gris para mí, bueno para mí y para el resto de lucenses que desde hace ya un par de meses no vemos asomar al amigo Lorenzo por estos lares. Especialmente era un día gris porque se mezclaban en mi sentimientos de cansancio, fruto del gran volumen de entreno que siempre acompaña a estas fechas, nostalgia, no sé porque pero estas fechas prenavideñas siempre despiertan en mi recuerdos de otras épocas, y cierta amargura resultado de ver “Biutiful” y terminar de leer “Papaventos” en el mismo día, dos obras, aunque de óptima calidad y sobradamente recomendables, me devolvieron a la cruda y dura realidad del mundo en el que vivimos.

Amaneció y con este panorama tenía nada menos que afrontar “24×500 recuperando 1min”. El río Miño estaba desbordado por las últimas lluvias y tuve que cambiar mis planes porque no podía acceder al circuito habitual donde suelo realizar estas series. En el asfalto de la carretera de ombreiro estuve hora y media de desidia intentando que mi velocidad de crucero no bajase de los 20kms/h.

Estiramientos, ejercicios posturales y ducha rápida que en cuatro horas hay que volver a darle zurra al cuerpo. Cuando entro en el coche de vuelta a casa me entero por la radio de la noticia del día. Entre controladores aéreos y Champions League se colaba la noticia de que la guardia civil había registrado el domicilio de la campeona del mundo de 3000 m. obstáculos Marta Domínguez y detenido a su entrenador César Pérez en el marco de una operación contra el dopaje que abarcaba además de Palencia y Madrid, las ciudades de Valencia y Las Palmas.

Normalmente estas noticias suelen mermar mi ánimo y mi confianza en este deporte. Pero ese día mi ánimo ya estaba muy tocado y mi confianza también. Quizás por eso esta vez ocurrió todo lo contrario, un sentimiento de alegría recorrió todo mi cuerpo, de la cabeza a los pies, como un escalofrío. Estoy reventado, pero cuantos menos tramposos queden contra los que luchar más cerca estaré de mi sueño.

Hace tiempo que ya no me quedan ídolos en esto del atletismo, puede ser que sea la edad, pero lo más probable es que sea por el número y magnitud de decepciones que me he llevado en los últimos años. Amigos, conocidos y reconocidos, por eso desde hace tiempo me propuse no deprimirme con estas noticias, sino todo lo contrario, alegrarme de que se haga justicia con los que rompen las reglas del juego dentro de un ámbito, el deporte profesional, que solo tiene sentido como ejemplo de conducta para la sociedad.

(*Hoy, después de muchos días, amaneció soleado en Lugo, el atletismo español también está mucho más claro hoy.)

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Estoy embarazado. Capítulo I: El invierno es muy largo

Los días de invierno son los más cortos del año, quizás por eso sean los que más largos se hacen, sobre todo si ya se está esperando el verano. Toda la preparación de este año va enfocada a un único objetivo, el debut en maratón allá por el mes de septiembre. Para el parto, como dicta la ley de la naturaleza humana, quedan aún nueve largos meses de gestación. Pero el primer paso, el depósito de la semilla, o su equivalente en este caso, la decisión de dar el salto a los 42.195 m., ya se ha realizado.

Dicen los teóricos de la natalidad que los primeros meses de embarazo son fundamentales para el devenir del feto. Pues bien, en eso estamos. Mucha fuerza, muchas cuestas y mucho correr “bien”. Todo lo BÁSICO para que el cambio de distancia se note lo menos posible y si se pudiese, ganar un poco en eficiencia de carrera. Con estos ingredientes las visitas al ginecólogo son frecuentes, pero no suelen aportar datos muy claros sobre el futuro a largo plazo y solo nos sirven para comprobar que todo está en su sitio. Las carreras populares o los crosses que vayamos realizando en esta época son pequeños tests que nos ayudan a completar el entrenamiento como “sesiones de calidad” pero en los que se hace difícil correr rápido debido al elevado volumen de trabajo y la poca intensidad del mismo.

Pronto daremos el salto de fase y nos encontraremos con otro periodo ESENCIAL para el buen desarrollo del embrión. En ese periodo el volumen se mantendrá, pero la intensidad irá aumentando a medida que baja la carga de fuerza. Las visitas al facultativo se seguirán realizando entre el barro y la carretera, pero la calidad de las mismas se supone que irá mejorando. El mes de marzo será una fecha clave para ir comprobando el adecuado progreso de la criatura.

A partir de ahí se podrán hacer las primeras valoraciones acerca de si es conveniente continuar con el embarazo o si por el contrario es preferible dejar la paternidad para un momento en el que estemos mejor preparados.

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No olvides nunca de donde vienes y a donde vas

Este es el momento y es el lugar,

nada puede ser mejor.

Cansado de vivir quemando el tiempo,

ahora que el sueño comenzó.

Aferrado a esperanzas que no tienen sentido,

me puedo equivocar.

Es mejor no pensar en el paso del tiempo,

una duda sola me puede matar.

No tengo remedio pero pido consejo,

porque ahora empiezo a jugar.

(Adaptación de la letra de “Este minuto” de Javier Calamaro)

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4º en el Cto. de España de Medio Maratón

EL TRABAJO SIEMPRE DA SUS FRUTOS

Cuando hace un año aproximadamente me dijeron que probablemente me perdería toda la temporada por la lesión del pubis se me vino el mundo encima. Decidí volver a Lugo para estar más cerca de mi gente y pasar mejor el trago. Esta “mi gente” me ayudó a recuperar la moral y yo me prometí que llegaría al final de temporada mejor que nunca. Comencé a preparar este campeonato allá por el mes de mayo marcándome como objetivo terminar entre los cinco primeros y rondar la 1h 5 min. Era un objetivo muy exigente después de haber pasado tanto tiempo de inactividad.

Mucha gente que no me conoce se pregunta ahora cómo se puede correr tanto después de estar más de ocho meses sin competir y sin haber hecho invierno. La respuesta es muy fácil, TRABAJO, PACIENCIA Y FE, por no poner algún adjetivo más relacionado con la testiculina. Seguí con mi ritmo habitual de 10 sesiones por semana. Al principio el trabajo era muy limitado porque apenas podía realizar algunos ejercicios de movilidad y estiramiento del pubis. En esos momentos es muy difícil mantener la mente fuerte porque el panorama se ve muy negro. Pero mi familia y mis amigos me hicieron ver que hay otras cosas al margen del atletismo que merecen la pena. La recuperación y el entrenamiento eran importantes, pero no eran lo único.

Poco a poco la carga de trabajo se fue incrementando y en el mes de diciembre ya me metía sesiones aeróbicas sobre la bici estática y la elíptica de más de dos horas. Incluso llegué a tener algún encontronazo con algún socio del club por tener más tiempo del permitido las máquinas, lo siento, pero lo necesitaba. En estos momentos los dolores aún eran bastante intensos y tuve muchos altibajos de moral porque ya llevaba cuatro meses sin correr y no veía visos de comenzar. Sin embargo no perdí nunca la fe y fue entonces cuando imprimí el plano del circuíto y la altimetría del medio maratón de Sagunto y lo colgué en la pared de mi habitación con una inscripción: “I`ll be there”. No sabía si iba a ser el primero, el quinto o el vigésimo octavo, lo único que sabía es que estaría allí.

A finales de enero comenzaron los primeros trotes. Ahí se me vino el mundo encima. Además de que los dolores no terminaban de pasar, los ritmos de carrera eran paupérrimos. Fueron los momentos más duros porque me entraron las dudas de si tanto esfuerzo serviría para algo, si podría a volver a correr sin dolor, si podría volver a competir.

Durante todo este tiempo fue fundamental la figura de mi entrenador, “Nani”, que no dejó de animarme ni un solo día. Su fe fue mi fe, su FE es mi FE. Hacia febrero empecé la pretemporada con mi grupo de entrenamiento. Mucha gimnasia y alguna serie a ritmos ya aceptables. Los dolores aún no terminaban de irse y seguía con muchas dudas. Para ser sincero en esos días pensé muchas veces la posibilidad de abandonar y dedicarme a otra cosa. Pero llegó la primera competición, el Cto. de España universitario de cross, y el resultado a pesar de estar muy poco rodado fue inmejorable, 6º puesto, igualando mi mejor resultado en ese campeonato. Esta carrera me devolvió la confianza que por aquellas estaba muy tocada. Sin embargo las fuerzas me duraron poco. A los diez días me rompí el isquio realizando unos estiramientos después de unas series en la pista.

La recuperación del isquio la hice como siempre. No falté nunca a una sesión de fisioterapia ni dejé de hacer nunca los ejercicios de recuperación. Pero mi cabeza era ciertamente escéptica acerca de la posibilidad de volver a competir a buen nivel. En estos días fue muy importante el apoyo de mi novia Nere. Comencé a tomarme el atletismo de otra manera. Lo único que perseguía no era un resultado, ni una marca, simplemente era disfruatr corriendo. Así, la misma semana en la que me dieron el alta médica me fui a correr un medio maratón en A Coruña. No sé cómo, pero me “casqué” 1h 7 min. Volví a mirar el plano colgado en mi habitación y escribí al final de la meta “1h 5min”. Quizás nadie se dio cuenta, pero Huracán había vuelto.

Desde ese mes de mayo comencé a preparar este campeonato. El objetivo marcado era muy exigente, entrar entre los cinco primeros y hacer en torno a 1h 5min. Hice la promesa de que haría el Camino de Santiago si lo conseguía (ya estoy mirando las fechas). Desde entonces una preparación que casi todos podéis imaginar porque no creo que se diferencie mucho de la del resto de atletas. Muchos rodajes, muchas series y alguna competición en verano. Poco a poco mejorando la forma para llegar en el máximo estado de forma en los días previos a las competiciones importantes. ¡Qué sencillo parece así contado! Pero la realidad es que sin un buen preparador que te guíe, conseguir todo esto es imposible, y yo tengo al mejor. Además viene muy bien tener algún amiguete que te ayude en los entrenamientos más exigentes, y de amigos yo también ando bien, jeje.

La recompensa me la encontré en un campeonato en el que no acudí con grandes expectativas, simplemente hacer un test de cara al medio maratón. Una medalla de bronce en los 10kms. era ya suficiente premio para que todo el trabajo mereciera la pena. Pero el objetivo seguía estando en la semana siguiente.

No sé si fueron los cambios de tiempo aquí en Galicia, el cansansio o simplemente los nervios precompetitivos, pero el jueves previo al medio maratón comencé a encontrarme enfermo. Muchos frenadoles, flumiles y vitamina C. En la carrera las sensaciones no fueron las mejores, pero me enganché a “Rafa” Iglesias hasta el kilómetro 10, una rueda de lujo. A partir de ahí la motivación de ir adelantando a la gente que se caía de la cabeza me dio fuerzas para ir incrementando el ritmo sin pensar en nada más que en sobrepasar al siguiente rival. No voy a mentir, cuando a falta de un kilómetro divisaba solo dos “blancos” delante de mi, llegué a pensar que era medalla de bronce, pero uno de los marroquíes está nacionalizado y finalmente fui cuarto en el Campeonato de España.

El resultado, 4º puesto y 1h 5min 44sgs, lo tengo que calificar como sobresaliente alto. Pero no me conformo, el año que viene vamos a por la matrícula de honor.

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